Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío

Reflexión por el Pbro. Arnaldo Ortiz Dominicci
Asesor Nacional de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil de Puerto Rico

Lectura del santo evangelio según san Lucas (14,25-33)

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O que rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»
Palabra del Señor


Reflexión:

Llama la atención que Jesús presenta la radicalidad del discipulado justo cuando le sigue "una gran muchedumbre". Jesús pareciera estar incómodo, como si no deseara que le siguiera mucha gente. No obstante, no es el caso. El Señor solo quiere asegurarse que quienes le sigan lo hagan plenamente conscientes de lo que se trata, sin llamarse a engaños. Esto nos “fascina”, porque en el mundo actual con el fin de ganar adeptos muchos ocultan la verdad de las cosas. Jesucristo presenta las cosas tal cual son: "quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío". En mi experiencia he descubierto que a los jóvenes les gusta esto: la radicalidad, las exigencias, el reto. La persona de Jesús resulta fascinante porque precisamente vive radicalmente su adhesión al proyecto del Reino, hasta dar la vida; y se atreve a proponer un camino igual al suyo.
Pidámosle al Señor nos dé la gracia de vivir para su Reino cargando la cruz de cada día, y así alcancemos la vida plena y feliz que él asegura a quienes le siguen.